Un día nos fuimos y nos sentamos a observar el árbol crecer. En una rama había un nido de pájaros de fuego, las hojas se afirmaban al anochecer y al salir el sol florecían junto a el.
Un día nos fuimos y nos sentamos a observar el árbol bailar. En un hoyo profundo nos sumergimos para ver las raíces danzar, luego nos elevamos con las enredaderas para alentar a los brotes nacer.
Un día los pájaros de fuego quemaron con sus alas el árbol y no volvimos.
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