Querido,
La semana entrante se acaba el plazo que me puse para retornar a Nido o quedarme en Bahía, entonces, me di cuenta que tenías mucha razón de que las decisiones tienen fecha de vencimiento y que pude ahorrarme una pequeña agonía.
Pensé en realizar una despedida, tú sabes lo importante de cerrar procesos y brindar por lo que fue, echar buen licor en esas copas que compramos en la oferta de los fines de semana, terminar con la cocina hecha un desastre y yo con dolor de cabeza de todo el jaleo. Por eso mismo decidí no llevarla a cabo, ya no estoy para fiestas y no debes regañarme por mi actitud de asumida adultez. Veras, no me siento tan adulta, aún tengo problemas de una joven aprendiz pero el limbo me tiene con decisiones cambiantes, pensamientos cambiantes, una doble personalidad, y por eso entenderás que las decisiones que debí tomar en un comienzo las deje a la suerte de mi destino y fue tan difícil soltar. Oh amigo, que es difícil soltar, la mano tirita tanto después de hacerlo y ese vacío de no tener nada hace que tu estómago se recoja y se empuñe. Cuanto necesito esa fiesta.
Creía importante contarte que al final mis decisiones tomaron el control de mi cabeza y comandan la nave hacia lugares despoblados, no me siento yo, es terrible que se apoderen de tu cabeza y sentirte en el limbo y que la vida te lleve, porque no sé a donde me llevan y no me dicen, la desesperación hace que mi estómago se retuerza y el resto ya lo sabes.
Debería aprovechar de pedirte que me devuelvas el libro de cuentos de amor para entretenerme mientras no tenga el control, ha sido insoportablemente aburrido.
Vuelve pronto,
Angélica.
pd. Olvidé decirte que decidí darme vacaciones.
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